jueves, 31 de enero de 2013

soñar no cuesta nada, solo lágrimas al darse cuenta que no es la realidad.

Después de pedir, rogar y llorar frente a mis padres obtuve la misma respuesta de siempre. “No, no vas a ir a ver a Paula” ¿Por qué no son capaces de hacerme feliz una vez? ¡Solo una! ¿Por qué es tan difícil que me entiendan? ¿Qué me ayuden?
Me encerré en mi cuarto pegando un portazo y sin lograr cesar mi llanto, me deje caer en la cama y abrace un almohadón, sin poder sacar a ella de mi mente. ¿A quién? A Paula Chaves, esa morocha alta, flaca y chueca que me saca mil sonrisas diariamente, esa chica que para muchos es una famosa más, que para muchos es la novia de Peter, para mí es una parte más que importante en mi vida, en mi historia. ¿Por qué? Es la única capaz de sacarme sonrisas sinceras cuando estoy mal, que es muy seguido, muy. Por eso me da bronca que mis viejos no me den una mano, al menos una vez. Ellos nunca van a entender que si yo estoy acá es gracias a ella. Que es gracias a ella que salí mil veces de lugares horribles, de llantos interminables. Ella, con un tweet, con estar un ratito en la tele me hace sonreír y olvidarme de todo. Ella. Y por eso necesito agradecerle todo eso mediante un abrazo.
Me baje de la cama, me cambie y apague las luces para esconderme debajo de las mantas y ponerme mis headphones para reproducir música al mango.
Cada vez que cerraba los ojos antes de dormirme, todas las noches, mi mente imaginaba, casi inconscientemente, ese abrazo, ese abrazo que tanto deseo, con el corazón, con el alma, con cada parte de mí. Ya lo había imaginado de mil maneras distintas, en mil lugares distintos, pero había algo que nunca cambiaba, la emoción y la alegría que sentía al abrazarla, al mirarla a los ojos, al sentirla cerca, al tartamudear cuando le hablaba. Esa alegría que era artificial, ese deseo era una mentira, una mentira en la que elegía vivir, porque necesitaba vivir eso.
Me quede dormida inmersa en aquellos pensamientos…

Subida al auto, por la autopista, yendo a Canal Trece, no podía dejar de sonreír, ni podía impedir que algunas lágrimas se escapasen de mis ojos,  el corazón me estallaba de felicidad, yo explotaba de felicidad y emoción. Estaba por cumplir mi sueño. No sé muy bien a que programa estaba yendo, pero sabía que Pau iba de invitada. Mis viejos me dejaron en la puerta del canal, y había un par más de chicas, seríamos cinco o seis. Las manos me transpiraban, el cuerpo me temblaba y yo no podía dejar de sonreír. Una de las chicas se acercó a mí y comenzamos a charlar, aunque nunca supe su nombre.
Vimos que la puerta del edificio se abrió y creo que casi me desmayo, ahí venía ella, con esa sonrisa que la caracterizaba.
- ¡Hola chicas!
- Hola Pau. (Dijimos a corito y  reí)
Comenzó a saludarnos con un beso y cuando se acercó a mí…
- Pau. ¿Puedo darte un abrazo?
- Obvio mi amor.
Y al fin pude abrazarla, una sensación extraña, pero hermosa me recorrió el cuerpo.
- Gracias. (Y nos separamos)
- De nada. ¿Queres que nos saquemos una foto?
- Por favor. (Sonreí y le di mi cámara) Soy muy mala enfocando, sobre todo cuando tiemblo así. (Ella rio y nos sacamos la foto)
- Gracias Pau. Te quiero mucho.
- No agradezcas mi amor. (Me saludo y se alejó, entrando al auto, ya que yo era la última de las chicas. Bajo la ventanilla y nos saludó con la mano. Creo que puedo morir en paz)

Y en aquel momento escuche un ‘Cami sigue durmiendo’ de mi viejo y me di cuenta que era todo un sueño. De nuevo, lo estaba soñando, pero esta vez lo había sentido tan real que creí que era cierto… Me desperté llorando, más que la noche anterior, no podía creer que de nuevo no lo había logrado…


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No sé si pega o no este corto acá, pero tenía ganas de subirlo.

1 comentario:

  1. se que es de hace un monton el corto pero parece mi historia me senti muy identificada me encantan tus cortos

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